Hawayo Takata, quien introdujo el Reiki con su historia, en occidente nos ha regalado una definición esencial y pero eficacísima de lo que realmente es el Reiki. Apoyó sus manos sobre una persona y dijo: “Reiki on” luego apartó las manos y comentó: Reiki off. Así es el Reiki en su sustancia: apoyar las manos y dejar fluir libremente la energía. Encanalar la energía universal, desde la que todos llegamos, con el fin de reanudar la armonía global del ser humano y sanar al mismo tiempo el  plano físico,  emocional, mental y el espiritual. Y, recordando que sanación no necesariamente consiste en el hacer desaparecer todos los síntomas y que existen varias posibilidades de transformación, desde un simple cambio físico a una liberación emocional, Reiki nos lleva hacia ese camino de sanación del alma, llevándonos a reconectar con el estado de perfección, natura del buddha, propio de cada ser.

Aplicable a cada tipo de enfermedad, dolencias, problema, Reiki es combinable con todo tipo de terapia y medicina aumentando los efectos beneficiosos de otros tratamientos. En fin no existe una sola situación de nuestra vida que no pueda beneficiarse de los efectos del Reiki. De gran ayuda en enfermos crónicos, enfermos oncológicos, pacientes con el VIH, enfermedades genéticas y pacientes con enfermedad auto inmunes, Reiki además es muy útil en acompañar la vida y acompañar la muerte. Es un fabuloso método de acompañamiento para las mujeres embarazadas,  por sus efectos positivos sobre la mente, sobre el equilibrio psicofísico y el estrés y porque favorece un reflorecer de la energía. Y pero es, al mismo tiempo, una ayuda fundamental para las personas en fin de vida. En frente a un evento que siempre nos deja impotentes y desconcertados Reiki nos ayuda a acompañar quien está viviendo sus últimos momentos para que pueda afrontar la incógnita de la muerte, retomar contacto con si mismo y ayudarle a superar el miedo. En fin Reiki con su amor es una posible vía para  acompañar a los vivos durante la vida hasta la muerte y quizás más allá.